IX Jornada de Tradiciones de Villa de Neila

Cuando nos enteramos que se celebraba la IX Jornada de Tradiciones de Villa de Neila y que era una feria dedicada a la Trashumancia encontramos la excusa perfecta para hacer una escapadita a Burgos. Y como la Sierra de la Demanda nos encanta porque hay unos rincones preciosos y mucha cultura trashumante y micológica, el incentivo de saltar de montaña era doble. Y como de costumbre, con poca información y muchas ganas, hicimos la maleta y salimos pitando.

 

 

La “Jornada de Recuperación de las Tradiciones ” de Neila va ya por la novena edición, lo que se nota en la implicación de los vecinos y en que medio pueblo viste indumentaria tradicional y participa en las actividades. En general en Burgos, si hablas con la gente de los pueblos, siempre te cuentan algo sobre la trashumancia y ves que tienen muy vivo el recuerdo de lo que todo aquello significó. Y si empiezas a tirar del hilo, te das cuenta que la madeja no tiene fin! Esto ayuda a que muchos pueblos tengan ganas de mantener vivo el recuerdo de lo que -hace no tantos años- era el pan de cada día.

 

La verdad que nos sorprendió la variedad de demostraciones y lo coordinado que estaba todo. Primero la llegada de más de un centenar de ovejas desde Tolbaños de Arriba, caballos incluídos. Luego la esquila, en la que media docena de hombres enseñaban cómo se hacían antiguamente los corrales y la manera en que se empleaba la tijera para sacar los vellones de una pieza; y cómo se enrrollaban y metían en sacos de arpillera para cargarlos en los burros!

 


 

Y a partír de ahi, corrido y sin señas: teñido de lana con cebolla, hilado a rueca, lavado de lana en el río, elaboración de colchones de lana, fabricación de agujas de coser hechas con hueso, montaje de badajos en los cencerros y otras actividades como la elaboración de jabón tradicional, confección de zahones, cosido de monturas para burros, taller de telares para niños, simulación de boda a la antigua usanza, bailes tradicionales, serrado de tronco, elaboración de cuerdas con la crin del caballo, remate y afilado de hoces hechas a mano y otras actividades que seguro nos dejamos en el tintero. Si alguien de Neila llegará a leer estas lineas, enhorabuena!

 


 

Una de las mayores alegrías fué ver que había un demostración de teñido de lana con cebolla. Como se ve en la foto, la estampa era un caldero casi a ras de suelo al calor de la hoguera, con la lana y la cebolla en el baño tintóreo. No podemos olvidar una escena en la que dos pequeñajos vestidos con ropas tradicionales revoloteaban la lana sin darse cuenta que estaban haciendo su primer Dyebath! Ni tampoco a Mercedes la tintoreraque ahí la vemos con las manos en la masa y que junto a otras mujeres del pueblo¡nos trataron de maravilla y nos hicieron sentir como en casa!

 


 

La sorpresa del viaje fue que justo antes de salir de casa, el padre de Ato le dijo que su bisabuelo Venancio era de Neila, con lo que la emoción de llegar a aquel pequeño pueblo se multiplicó por mil. Al principio preguntamos a varias personas si sabían del tal Venancio, que en sus tiempos era boticario. Y aunque dimos con un par de personas que sabían de él, nos comentaban que no quedaba en el pueblo ningún familiar de Venancio, ya que con el tiempo se fueron yendo. Ya a la tarde, casi al irnos y de pura casualidad, dimos con un matrimonio mayor que decía saber algo. Y de carambola en carambola dimos a parar con Leny, una prima lejana súper simpática y acogedora que nos llevó a visitar la supuesta casa de Venancio; y luego a conocer a la  tía Petra, un encanto de mujer a la que recordamos con mucho cariño y esperamos ver pronto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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